San Ignacio de Antioquía

Primeros Cristianos

NACIMIENTO

  • Nació entre los años 30 al 35 después de Cristo.

MINISTERIO

  • Fue el discípulo directo de San Juan (el discípulo amado de Jesús) y fue el discípulo de San Pablo. 
  • Fue consagrado por los apóstoles Pedro y Pablo para ser el tercer obispo de Antioquía
  • Antioquía era la 3ra Ciudad más importante del imperio, después de Roma y Alejandría, su iglesia era de las más importantes e influyentes.
  • Duró 40 años de Obispo en Antioquía.
  • Ignacio fue el primero en llamar a la Iglesia de Cristianos “Católica” (Universal). 
  • Escribió acerca de lo que él aprendió de los apóstoles Juan, Pablo y Pedro: La Eucaristía, la jerarquía y la obediencia a los obispos, la presencia de la iglesia en Roma, la virginidad de María, y el don de la virginidad,  el privilegio de morir como mártir por Cristo. 

MUERTE

  • El emperador Trajano había respetado a los Cristianos, sin embargo por agradecimiento a sus falsos dioses emprendió una persecución contra los que no los adoraban. 
  • Ignacio fue encadenado y llevado a Roma en barco. 
  • Junto con él iban el diácono Filón y Agatopo quienes se consideran los autores de las actas de su martirio. 
  • Al hacer una parada en Esmirna, las actas relatan que pudo ver a su condiscípulo San Policarpo, al obispo Onésimo, al obispo Dámaso, y al obispo Polibio de Tralles. 
  • Ignacio escribió 4 cartas desde Esmirna y 3 cartas desde Tróade.
  • Al llegar a Roma fue llevado al anfiteatro Flaviano, donde le soltaron dos leones que inmediatamente se lo devoraron vivo y solo dejaron los huesos grandes. 
  • Su muerte ocurrió en el noveno año del emperador Trajano.
  • Murió alrededor de los años 107 después de Cristo. 

“Dejadme que sea entregado a las fieras, puesto que por ellas puedo llegar a Dios. Soy el trigo De Dios, y soy molido por las dentelladas de las fieras, para que pueda ser hallado pan puro. Antes, atraed a las fieras, para que puedan ser mi sepulcro, y que no deje parte alguna de mi cuerpo detrás, y así, cuando pase a dormir, no seré una carga para nadie. Entonces seré un verdadero discípulo de Jesucristo.” (Epístolas de San Ignacio a los Romanos)

  • “Y al príncipe de este mundo se le ocultó la virginidad de María y su parto y también la muerte del Señor” (Carta a los de Efeso)
  • Los Judaizantes negaban la Encarnación y veían a Jesus como humano solamente, y los docetistas negaban la humanidad de Cristo, Ignacio aclaro este punto doctrinal.  
  • “Hijo de María e hijo de Dios, primero pasible, después impasible, Jesucristo Nuestro Señor” (Efes., c. xvii)
  • “No hallo placer en la comida de corrupción ni en los deleites de la presente vida. El pan de Dios quiero, que es la carne de Jesucristo, de la semilla de David; su sangre quiero por bebida, que es amor incorruptible.”
  • "Reuníos en una sola fe y en Jesucristo.. Rompiendo un solo pan, que es medicina de inmortalidad, remedio para no morir, sino para vivir por siempre en Jesucristo."
  • “Pero observad bien a quienes tienen una opinión heterodoxa … Vean qué contrarias son sus opiniones a la mente de Dios … Se rehúsan a recibir la Eucaristía y a rezar porque no admiten que la Eucaristía sea la carne de nuestro Salvador Jesucristo, la cual sufrió por nuestros pecados y el Padre resucitó por su bondad”.
  • “Esforzaos por frecuentar una sola eucaristía, pues una es la carne de nuestro Señor Jesucristo y uno el cáliz para unirnos a su sangre…”
  • “Por doquier aparezca el obispo, ahí esté el pueblo; lo mismo que donde quiera que Jesucristo está también está la Iglesia Católica”
  • “Por esto debéis estar acordes con el sentir de vuestro obispo, como ya lo hacéis. Y en cuanto a vuestro colegio presbiteral, digno de Dios y del nombre que lleva, está armonizado con vuestro obispo como las cuerdas de una lira. Este vuestro acuerdo y concordia en el amor es como un himno a Jesucristo. Procurad todos vosotros formar parte de este coro, de modo que, por vuestra unión y concordia en el amor, seáis como una melodía que se eleva a una sola voz por Jesucristo al Padre, para que os escuche y os reconozca, por vuestras buenas obras, como miembros de su Hijo. Os conviene, por tanto, manteneros en una unidad perfecta, para que seáis siempre partícipes de Dios.”  (De la Carta a los Efesios)
  • “…los varones y las mujeres que deseen casarse, deben realizar su enlace conforme a las disposiciones del obispo…” (Filipenses 5,2).
  • “Rueguen incesantemente por el resto de los hombres -porque hay en ellos esperanza de arrepentimiento- para que lleguen a Dios. Por lo tanto instrúyanlos con el ejemplo de sus obras. Cuando ellos estallen en ira, ustedes sean mansos; cuando se vanaglorien al hablar, sean ustedes humildes; cuando les injurien a ustedes, oren por ellos; si ellos están en el error, ustedes sean constantes en la fe; a vista de sus furia, sean ustedes apacibles. No ansíen el desquite. Que nuestra indulgencia les muestre que somos sus hermanos. Procuremos ser imitadores del Señor, esforzándonos para ver quién puede sufrir peores  injusticias, quién puede aguantar que lo defrauden, que lo rebajen a la nada; que no se encuentre en ustedes cizaña del diablo. Sino con toda pureza y sobriedad vivan en Cristo Jesús en carne y en espíritu.” (Carta a los Efesios)

Ignacio, llamado también Teóforo, a Policarpo, que es obispo de la iglesia de Esmirna, o más bien que tiene por su obispo a Dios el Padre y a Jesucristo, saludos en abundancia.

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I. Dando la bienvenida a tu mente piadosa que está afianzada como si fuera en una roca inconmovible, doy gloria sobremanera de que me haya sido concedido ver tu faz intachable, por la cual tengo gran gozo en Dios. Te exhorto por la gracia de la cual estás revestido que sigas adelante en tu curso y en exhortar a todos los hombres para que puedan ser salvos. Reivindica tu cargo con toda diligencia de carne y de espíritu. Procura que haya unión, pues no hay nada mejor que ella. Soporta a todos, como el Señor te soporta. Toléralo todo con amor, tal como haces. Entrégate a oraciones incesantes. Pide mayor sabiduría de la que ya tienes. Sé vigilante, y evita que tu espíritu se adormile. Habla a cada hombre según la manera de Dios. Sobrelleva las dolencias de todos, como un atleta perfecto. Allí donde hay más labor, hay mucha ganancia.

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II. Si amas a los entendidos, esto no es nada que haya que agradecérsete. Más bien somete a los más impertinentes por medio de la mansedumbre. No todas las heridas son sanadas por el mismo ungüento. Suaviza los dolores agudos con fomentos. Sé prudente como la serpiente en todas las cosas e inocente siempre como la paloma (Mt 10,16). Por esto estás hecho de carne y espíritu, para que puedas desempeñar bien las cosas que aparecen ante tus ojos; y en cuanto a las cosas invisibles, ruega que te sean reveladas, para que no carezcas de nada, sino que puedas abundar en todo don espiritual. Los tiempos te lo requieren, como los pilotos requieren vientos, o un marino zarandeado por la tormenta (busca) un asilo, para poder llegar a Dios. Sé sobrio, como atleta de Dios. El premio es la incorrupción y la vida eterna, con respecto a la cual ya estás persuadido. En todas las cosas te soy afecto, yo y mis cadenas, que tú estimaste.

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III. No te desmayes por los que parecen ser dignos de crédito y, pese a todo, enseñan doctrina extraña (cf. 1Tm 1,3 1Tm 6,3). Mantente firme como un yunque cuando lo golpean. A un gran atleta le corresponde recibir golpes y triunfar. Pero por amor de Dios hemos de soportar todas las cosas, para que El nos soporte a nosotros. Sé, pues, más diligente de lo que eres. Marca las estaciones. Espera en Aquel que está por encima de toda estación, el Eterno, el Invisible, que se hizo visible por amor a nosotros, el Impalpable, el Impasible, que sufrió por amor a nosotros, que sufrió en todas formas por amor a nosotros.

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IV. Que no se descuide a las viudas. Después del Señor sé tú su protector. Que no se haga nada sin tu consentimiento; ni hagas nada tú sin el consentimiento de Dios, como no lo haces. Mantente firme. Que se celebren reuniones con más frecuencia. Dirígete a todos por su nombre. No desprecies a los esclavos, sean hombres o mujeres. Pero no permitas que éstos se engrían, sino que sirvan más fielmente para la gloria de Dios, para que puedan obtener una libertad mejor de Dios. Que no deseen ser puestos en libertad a expensas del pueblo, para que no. sean hallados esclavos de su (propia) codicia.

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V. Evita las malas artes, o más bien evita incluso la conversación o plática sobre ellas. Di a mis hermanas que amen al Señor y estén contentas con sus maridos en la carne y en el espíritu. De la misma manera encargo a mis hermanos en el nombre de Jesucristo que amen a sus esposas, como el Señor amó a la Iglesia (cf. Ep 5,25-29). Si alguno puede permanecer en castidad para honrar la carne del Señor, que lo haga sin jactarse. Si se jacta, está perdido; y si llega a ser conocido más que el obispo, está contaminado. Es apropiado que todos los hombres y mujeres, también, cuando se casan, se unan con el consentimiento del obispo, para que el matrimonio sea según el Señor y no según concupiscencia. Que todas las cosas se hagan en honor de Dios.

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VI. Prestad atención al obispo, para que Dios también os tenga en cuenta. Yo soy afecto a los que están sometidos al obispo, a los presbíteros y a los diáconos. Que me sea concedido el tener mi porción con ellos en la presencia de Dios. Laborad juntos los unos con los otros, luchad juntos, corred juntos, sufrid juntos, reposad juntos, levantaos juntos, como mayordomos y asesores y ministros de Dios. Agradad al Capitán en cuyo ejército servís (cf. 2Tm 2,4), del cual también habéis de recibir la paga. Que ninguno sea hallado desertor. Que vuestro bautismo permanezca en vosotros como vuestro escudo; vuestra fe como vuestro yelmo; vuestro amor como vuestra lanza; vuestra paciencia como la armadura del cuerpo. Que vuestras obras sean vuestras garantías, para que podáis recibir los haberes que se os deben. Por tanto, sed pacientes unos con otros en mansedumbre, como Dios con vosotros. Que siempre pueda tener gozo de vosotros.

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VII. Siendo así que la iglesia que está en Antioquía de Siria tiene paz, según se me ha informado, por medio de vuestras oraciones, ello ha sido una gran consolación para mí, puesto que Dios ha eliminado mi preocupación; si es posible, que a través del sufrimiento pueda llegar a Dios, para que sea tenido como discípulo, mediante vuestra intercesión. Te conviene, muy bienaventurado Policarpo, convocar un concilio piadoso y elegir a alguno entre vosotros, a quien tú quieras y que sea celoso también, y que sea digno de llevar el nombre de correo de Dios -para que se le nombre, digo, y que vaya a Siria y glorifique vuestro celoso amor para la gloria de Dios-. Un cristiano no tiene autoridad sobre sí mismo, sino que da su tiempo a Dios. Esta es la obra de Dios, y la vuestra también, cuando la terminéis; porque confío en la gracia divina que estáis dispuestos a hacer un acto benéfico que es apropiado para Dios. Conociendo el fervor de tu sinceridad, te he exhortado en una carta breve.

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VIII. Como no he podido escribir a todas las iglesias debido a que parto súbitamente de Troas para Neápolis, según manda la voluntad divina, escribirás tú a las iglesias nombradas delante, como uno que conoce el propósito de Dios, con miras a que ellos hagan también lo mismo: que los que puedan, envíen mensajeros, y el resto canas por las personas enviadas por ti, para que puedan ser glorificados por un acto que siempre será recordado; porque esto es digno de ti.

Saludo a todos por nombre, en especial a la esposa de Epitropo, con toda su casa y sus hijos. Saludo a Attalus, amado mío. Saludo también al que será designado para ir a Siria. La gracia será con él siempre, y con Policarpo que le envía. Mis mejores deseos siempre en nuestro Dios Jesucristo, en quien permanecéis en la unidad y supervisión de Dios. Saludo a Alce, un nombre muy querido para mí. Pasadlo bien en el Señor.

Fuente: Los Padres Apostólicos, por J. B. Lightfoot. Editorial CLIE www.clie.es

  • “Nada de todo eso se os oculta a vosotros, como tengáis en grado acabado para con Jesucristo aquella fe y caridad que son principio y término de la vida. El principio, quiero decir, la fe; el término, la caridad. Las dos, trabadas en unidad, son Dios, y todo lo demás, que atañe a la perfección y santidad se sigue de ellas.

    Nadie, que proclama la fe, peca; ni nadie, que posee la caridad, aborrece. El árbol se manifiesta por sus frutos. Del mismo modo, los que profesan ser de Cristo, por sus obras se pondrán de manifiesto. Porque no está ahora el negocio en proclamar la fe, sino en mantenerse en la fuerza de ella hasta el fin (Ignacio de Antioquía a los efesios, XIV,1-2  Ibid. pág. 455)

  • Se sobrio, como un atleta de Dios. El premio es la incorrupción y la vida eterna, de la que también tú estás persuadido. En todo y por todo, rescate tuyo soy, y conmigo mis cadenas, que tú amaste”  (Ignacio de Antioquía a Policarpo, II,3 Ibid. pág. 498)
  • “Atended al obispo, a fin de que Dios os atienda a vosotros. Yo me ofrezco como rescate por quienes se someten al obispo, a los ancianos y a los diáconos. ¡Y ojalá que con ellos se me concediera entrar a la parte en Dios! Trabajad unos junto a otros, luchad unidos como administradores de Dios, como sus asistentes y servidores.

Tratad de ser gratos al Capitán bajo cuyas banderas militáis, y de quien habéis de recibir el sueldo. Que ninguno de vosotros sea declarado desertor. Vuestro bautismo ha de permanecer como vuestra armadura, la fe como un yelmo, la caridad como una lanza, la paciencia como un arsenal de todas las armas. Vuestra caja de fondos han de ser vuestras buenas obras, de las que recibiréis luego magníficos ahorros.” (Ignacio de Antioquía a Policarpo, VI,1-2 Ibid. pág. 500-501)

  • “Ahora bien, las cosas están tocando a su término, y se nos proponen juntamente estas dos cosas: la muerte y la vida, y cada uno irá a su propio lugar. Es como si se tratara de dos monedas, una de Dios y otra del mundo, y que lleva cada una grabado su propio cuño: los incrédulos, el de este mundo; más los fieles, por la caridad, el cuño de Dios Padre grabado por Jesucristo. Si no estamos dispuestos a morir por Él, para imitar su pasión, no tendremos su vida en nosotros.”  (Ignacio de Antioquía a Magnesios, V,1-2  Ibid. pág. 462)
  • Ignacio de Antioquía a los Efesios
  • Ignacio de Antioquía a Policarpo
  • Ignacio de Antioquía a Magnesios
  • Epístolas de San Ignacio a los Romanos
  • The Apostolic Fathers, Lightfoot
  • Vida de los Santos, Alban Butler, tomo I.

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